Era costumbre en Japón que los poetas en sus últimos instantes de vida compusieran un ‘jisei no ku’ o poema de muerte.

Por este motivo, los discípulos de Shisui, que falleció el noveno día del noveno mes de 1764, le acuciaron en su lecho de muerte para que compusiera su poema postrero. Sushi tomó su pincel y trazó su jisei, tras lo cual dejó el pincel y murió.

Los seguidores enmudecieron al contemplar el legado del maestro: un enso, un círculo.