Esa mirada solo la hemos visto en Prince. Pero el retrato no es del genio de Minneapolis sino del transgresor bailarín y coreógrafo ruso Alexander Sacharoff.

Según Clotilde von Derp-Sacharoff, su esposa y pareja de baile, Alesej von Jawlensky pintó de este extraordinario retrato en 1909 en menos media hora. Visitaron al pintor maquillados y ataviados antes de la función y Jawlensky no resistió tomar los pinceles y captar la expresión. Tan bien lo hizo que Sacharoff se llevó el cartón todavía húmedo temiendo que Jawlensky lo retocara, definiera y terminara… Pero, ¡ya estaba terminada!

¿Cuándo dar por terminada una historia, una novela, un cuadro, una pieza musical o una etapa? Es una prerrogativa, la de dar por terminada una obra incloncusa porque aquello que se pretendía representar ha sido alcanzado, que se han tomado algunos maestros a lo largo de la Historia del Arte seguros de su destreza (y de su destino). Me temo que Sacharoff no pensaba así de Jawlensky…

La obra es extraordinaria.

 

[Alexej von Jawlensky. Retrato del bailarín Alexander Sacharoff (1909). Public Domain. Wikimedia Commons]