La presencia de Amor sobrecoge. Es la expresión de la misma ausencia. La aflicción que sufre es sincera y profunda. Su desconsuelo es tal que apenas consigue sostener la correa del carcaj entre sus dedos. No parece que el otrora alegre y juguetón Amor pase por sus mejores momentos, ni que su pasión por ensaetar a todo bicho viviente ocupe ahora un lugar destacado en su mente. ¡Sin duda, Amor está enamorado! Amor perdió su libertad y su vuelo. Ahora, con los pies en el suelo, reposa sentado esclavo de sí mismo, de su amor. Sería fácil liberarse de los lazos que suavemente atan sus manos y piernas pero, ¡ay!, ¿quién quiere —o puede— liberarse de los lazos del amor? A su lado Esperanza, compañera silenciosa y siempre leal, trata de levantar el ánimo del alado. ¿Qué haría Amor sin Esperanza?
